En el tranquilo campo chileno, un joven de 22 años está reviviendo una antigua tradición con un toque moderno. Bruno Müller, quien recientemente descubrió su habilidad para la herrería, ha convertido su pasión por las espadas en un emprendimiento floreciente.

Desde temprana edad, Bruno ha tenido una fascinación por las espadas. Su viaje comenzó en 2020 cuando compró una katana en Mercado Libre y se dedicó a entrenar con ella hasta volverse experto. Sin embargo, fue en diciembre del año pasado cuando decidió que no solo quería usar espadas, sino también crearlas. Este descubrimiento se convirtió en el inicio de su travesía en la forja.

«Yo vivo en el campo y en el campo tenemos mucha chatarra,» cuenta Bruno. Fue al ver un viejo asador que se dio cuenta de que podía transformarlo en una espada. Lo que comenzó como un regalo para un amigo, se convirtió en una obsesión. Bruno descubrió que su bisabuelo había sido herrero y encontró un antiguo fuelle en el garaje de su hogar. Esto le permitió forjar metal, dándole vida a su sueño de niño de crear espadas.

Bruno se presentó en la Asgard Fest, una feria medieval que se celebra anualmente en el sur de Chile. «Les pregunté si podía participar gratis porque no tenía cómo pagarles para ponerme un stand,» recuerda. A cambio, se comprometió a hacer demostraciones de forja en vivo. Su participación fue un éxito rotundo, atrayendo a muchas personas interesadas en su trabajo. Con herramientas básicas, logró forjar una daga en los tres días del evento, demostrando que la herrería es accesible para todos.

Después del evento en Puerto Montt, Bruno participó en otra Asgard Fest en Valdivia. Esta vez, su popularidad creció aún más. Dio una charla sobre herrería y ganó seguidores entusiastas, algunos de los cuales le enviaron diseños personalizados para que los forjara. «A todas esas personas que me encontraba les decía que me manden algo, algún diseño para hacer y yo les podía forjar un arma que cumpla ese diseño,» comenta.

Desde enero, Bruno ha estado forjando armas y herramientas por encargo, perfeccionando su técnica y ganando dinero con su arte. «Me gusta mucho, me da este sentimiento de estar haciendo una labor tan antigua pero que en algún momento fue tan esencial para el mundo. Es súper terapéutico también hacer arte a través de golpe y fuerza bruta.»

A pesar de las limitaciones de su taller, que carece de un yunque y otras herramientas especializadas, Bruno ha demostrado que la forja es accesible con creatividad y determinación. «Tengo un martillo y metal que compro en la ferretería o encuentro en la chatarra,» dice. Su historia es un testimonio de que con pasión y esfuerzo, es posible revivir antiguas tradiciones y convertirlas en un negocio viable.

Bruno Müller no solo ha encontrado una forma de ganarse la vida, sino que también ha inspirado a otros a seguir sus pasos en la herrería. Su historia es un ejemplo brillante de cómo un interés personal puede transformarse en un emprendimiento exitoso y significativo.

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